Tocatela


Webcam porno


Bienvenido a Tocatela . COM
Claus se dejo por atras
Sentí la presión de su cabeza en mi culito, tan solo necesitó dos empujones para dejarlo entrar en mí, y se mandó dentro de mí, todo dentro, lo sentí cuando sus testículos golpearon con mis glúteos.
 
Esta es mi historia, la parte de mi vida no autorizada, pero tengo una excusa valedera para justificar mi conducta. [...]
Los hechos y situaciones responden a la verdad, no así los nombres y referencias que puedan ponerme en una situación harto difícil de explicar.

Desde hace unos años trabajo en una importante empresa, le dedico nueve horas diarias (incluyendo la de almuerzo) de cada semana más cuatro los días sábados, lo que resulta que estoy en la oficina el doble del tiempo que me queda para estar en casa con mi esposo, claro está al tiempo real restamos el empleado en viaje, hacer la compra diaria, dormir y algún minuto perdido llegamos al cálculo de que el tiempo real a compartir es escasamente la mitad de que dedicamos al trabajo. Por simple deducción paso la mayor parte con mi familia laboral, este es lugar donde todos debemos manejarnos, donde nos relacionamos y convivimos más que en ningún otro sitio.

Fácil es deducir el por qué es necesariamente el ámbito propiciatorio para fomentar la formación de amistades, noviazgos y la diferente gama de interrelaciones personales que devienen en todas las variantes conocidas por todos lo que pasamos por un lugar similar. Cualquiera que haya leído relatos o historias de situaciones afectivas entre sus integrantes puede dar fe que todo esto sucede a diario, más aún tal vez está sucediendo en este momento en la oficina de junto.

Esta historia no difiere mucho del lineamiento general de lo consignado en el prólogo de este relato, con la única salvedad que es mi historia, la historia de Clau y que sucedió tal y como lo refiero, claro Rodrigo, no se llama así.

La situación comienza cuando una tarde cualquiera me encontraba sola en la oficina, con tiempo ocioso y se me ocurrió, no la primera vez, entrar al Internet para navegar por una de las tantas páginas porno que proliferan en ella, buscando las notas y fotos bien hot, pero hete aquí que la fatalidad o algún virus que no debía entrar se introdujo sin pedir permiso y la compu se plantó, se “colgó” solemos decir algunos compañeros. Ni forma de sacar la foto del monitor y no quería apagar la compu pues tenía en el escritorio algunos documentos de suma importancia para mi trabajo, que si optaba por apagarla corría el riesgo de perder el trabajo de varios días. Y ahora quién podrá defenderme hubiera dicho, pero… no hay Chapulín Colorado. Menudo embrollo el que me encontraba, ¡un problema madrazo! La situación por demás complicada requiere de pronta solución, no puedo esperar a que mi jefe regrese y vea a estos chavos y chavas cogiendo a lo bruto, mostrando sus tremendas pijotas, sería el hazmerreír de la oficina además de poder llevarme una sanción por el lomo.

Haciendo de tripas corazón, con todo el dolor del alma y la vergüenza de mostrarme como una pajera, debí recurrir sin más trámite a llamar a la oficina de Sistemas, mientras aguardo con el corazoncito hecho un bollo, ruego a la virgen que me atienda Rodrigo, pues con él tengo algo más de confianza.

- ¡Aló, sistemas! -lo reconocí de inmediato ¡Hola!, pues mira soy Clau de control de proveedores y he tenido un problema con la compu, si pueden venir de inmediato te lo agradecería mucho pues tengo un documento pendiente y es muy urgente. –bueno te prometo que pasaremos tan pronto nos permita la tarea en que estamos ocupados ahorita mismo. –No, no… bueno mira quiero ser sincera y directa, el asunto es muy personal, necesito que venga alguien en quien pueda confiar y ese eres tú, además es una situación que no podría explicar demasiado fácil, por otra parte te lo agradecería como te mereces, no puedo decirte más solo que si me pilla mi jefe seguro me aplicará una sanción. ¡Por favor, vente ya! Te lo voy a agradecer mucho. (Remarqué esta última parte de la frase)

Solicito y presto se llegó hasta mi oficina, no dijo nada, con solo verme se notaba la urgencia del pedido, se sentó frente al monitor, lo encendió. Unos instantes más y la pantalla mostró a todo color una orgía de chavos y chavas cogiendo y mamándose a todo dar, el espectáculo era por demás ilustrativo de la intencionalidad de quien busca esas imágenes y el significado de para qué las busca.
Ver la pantalla y mirarme era revela sin más ni más mi afición al sexo. Nos miramos, el silencio cómplice, era la primera vez que sentía pudor de que alguien me viera o conociera mi predilección por el sexo, fuera de mi grupo de pertenencia, ni mi marido conoce de mis correrías y relaciones anteriores y paralelas a él, y ahora Rodrigo llega como si tal cosa y me pesca por ese momento de tontería a punto de descifrar el código sexual que todos llevamos.

Mientras sus dedos hacían el milagro de borrar toda huella de pecado de la pantalla y de la memoria en la cpu voy evaluando de qué manera explicarme y explicarle la escabrosa situación. No bastó mucho para hacerlo entender, todo estaba claro para él, me miró profundo a los ojos, hizo un pesado silencio, como marcando el terreno, haciéndome saber que era él quien maneja la situación. –Mira Clau, todos en algún momento pasamos por situaciones como debe ser tu caso, que necesitamos ver a otros hacer lo mismo que nosotros tenemos ganas, las tienes tú como las tengo yo justamente ahora, esta imagen no hizo más que mostrarme cuánto necesito también una vía de escape a la rutina conyugal, seguramente a ti te puede estar pasando lo mismo. Y si juntamos nuestras necesidades para darnos una escapadita sencilla, a veces con un simple morreo uno se pone bien. ¿No te parece?

Él me estaba proponiendo en pocas palabras la forma de agradecer y premiar su cómplice y silenciosa colaboración. El beso en su mejilla izquierda fue la respuesta instantánea, quedarme apoyada con el vientre contra su hombro la que completó el agradecimiento.

Rodrigo terminó de teclear las últimas órdenes y la cpu respondió sumisa y obediente, tal como la imité yo dejando que su mano izquierda libre subiera indiscreta por entre mis pantorrillas, trepar hasta la rodilla y subir hasta el cielo, topar con la tela de las bragas, que si no le da por entrar a una compañera seguro lo pilla con las manos en la masa. – Mañana me llamas y me dices si persiste el virus, ¿de acuerdo? - Sí nos vemos.
Breve diálogo de despedida, sonaba como clave solo entendida por los que manejan el código.

Al quedarme sola tardé un poco en poder elaborar los últimos acontecimientos, todo sucedió tan rápido, tan simple que asusta, todos damos por entendido que donde se trabaja no se c…, pero la carne es débil. Muy débil y de pronto no con demasiado disgusto me veo en la obligación de retribuirle a Rodrigo su buena acción. En mis treinta y un años no me arrepiento de nada de lo hecho, lo bueno y lo malo sirvió para hacerme saber lo qué debo hacer, casada legalmente y sin problemas a la vista en el horizonte marital, la vida conyugal tiene sus códigos propios, los gustos y preferencias ser consensuados y compartidos en aras de la armonía, limita de excesos cuando la pareja no comparte la misma afición, pero también es el ámbito donde tenemos el afecto que todos necesitamos en algún momento de la jornada. La rutina es compensada por la contención y cariños que nos dispensa la pareja.

Por otra parte Rodrigo, cinco o seis años mayor que yo, casado y con un par de hijos, debe transitar los mismos caminos familiares que yo, por lo tanto, juntando dos necesidades podemos balancear el déficit de adrenalina en la vida cotidiana.

El día siguiente no pasó nada, ni me llamó ni lo llamé, a siguiente lo mismo, y otro igual. Por un momento pensé que todo había sido un juego, pero ¿y esa mano por debajo? No sabía bien qué había pasado, a decir verdad ya me intrigaba un tantito, suponía que todo había quedado olvidado, pero ese jueguecito de manos ya me había gustado.

Como si hubiera respondido a un msn telepático sonó el teléfono -Hola Clau, ¿qué tienes que hacer dentro de media hora? - sin esperar respuesta siguió – Después del almuerzo que te parece si nos tomamos un café en el archivo, ¿tú tienes la llave no? –como tardé un poco en responderle volvió a preguntar: -Tenemos un… café prometido o si no quieres, bueno… si… no te gusta el café está todo bien igual. - No, está bien, pero que sea como en una hora aún tengo cosas por terminar. Ah, para mí con doble de azúcar. Ja,ja

El juego estaba más que claro, los jugadores de acuerdo, solo faltaba el reglamento par jugarlo. Puntualmente llegué, abrí, dejé un par de carpetas para simular la concurrencia al archivo en cuestión, la puerta entornada para que pasara sin demora. –Hola! -Hola Extendió el vaso plástico con la negra infusión, espontánea actitud de ambos alzar el vaso a modo de brindis, estábamos dando formalidad a la informalidad. Como dueña de casa tomé asiento en un maltratado sillón que había junto al escritorio, casi no hablamos hasta terminar el café, era una de esas situaciones que no sabemos bien cómo empezar ni qué decir, como corresponde en estos casos la más decidida suele ser la mujer, comencé por agradecer su invalorable ayuda y lo agradecida que le estaba. –Bueno, bueno no me debes nada, somos compañeros, casi amigos…

No lo dejé seguir lo tomé de la cintura y lo atraje hacia mí. Correspondió abrazándome de la nuca, apretándome contra él, más bien diría que me dio de pleno contra su sexo, tan solo permanecer en esa posición y el ocupante interior de su pantalón comenzó a dar muestras de que estaba vivo. Se mostraba algo inquieto y molesto por la situación tan sui géneris, sin preguntar aflojé su cinturón y el pantalón, abrí la bragueta y metí la mano dentro hasta tomarlo, no paré de acariciarlo y frotarlo mientras él me fregaba la cara contra su vientre, después fue el quien metió mano bajo mi falda y llegó hasta el mismo borde de las braguita, intentó entrarle por debajo del elástico y me frotó la palomita por encima presionando el vello hasta sentir en sus dedos el contacto con los labios. Para no terminar quién sabe dónde, convinimos que esto era nada más que un juego de amigos, y que no pasaría más de hasta aquí. Lo de convinimos corrió por mi cuenta, Rodrigo tan solo asintió.

Durante una o dos semanas jugamos este juego, venía por mi oficina a solucionar problemas de informática que ahora eran muchos y más frecuentes, mientras simulaba arreglarlos me ponía junto o detrás de él y nos fajábamos, alguna vez no encontramos de nuevo en el archivo y ahora el faje pasó a la categoría de magreo y días después de magreo salvaje.

Con el correr de los días la calentura y la confianza iba por más, en la siguiente vez el archivo fue testigo algo más osado. Estaba sentada frente al hombre, ahora tenía bien abierta la bragueta, con todo el miembro afuera, era bonito y gordito, de buen tamaño, lleno de venas cargadas de sangre azulada, la cabeza salida y gordota, brillante por la excitación.

Puedo afirmar que soy buena para hacer chaquetas, y estaba lista a demostrarle a Rodrigo que podía hacerle la mejor que ha recibido en mucho tiempo, las manos ensalivadas se deslizan por el tronco con suavidad, suben y bajan, una y otra vez, voy variando la presión y velocidad, creciendo y decreciendo la excitación, no le aparto los ojos del menor movimiento, se muerde los labios, cierra los ojos fuertemente, hace muecas, se agita al respirar, suspira profundo, tiembla y sacude la pelvis, conozco los síntomas, está por venirse, lo aprieto en la base, prolongo su ahogo, demoro esa sensación de calor interior agradable e intenso, otra vez se sacude como quien está sufriendo un shock, está por correrse.

El primer intento fue contener su corrida poniendo mi boca en su camino y retenerla, pero un último destello de cordura ayudó a clarificar el panorama y evitar que este juego se desmadre, mientras pajeo con la derecha, la otra cubre a modo de paraguas la erupción del volcán.

Era visto cuanto necesitaba esta deslechada, el pañuelo quedó lleno con su leche, no hubo lamidas, era perentorio guardar las formas y ajustarse al pacto, la acabada no estaba en el libreto, no salirse del carril era lo mejor para ambos. Mientras le hacía esta bonita chaqueta, no vayan a creerse que se quedó quieto, tiene unas manos tan curiosas que no dejó un solo instante de sobar mis chichas, y vaya lo bien que lo hacía, llegué a disfrutarlo en medio del zarandeo que estaba dando.

Pero estaba visto que esta etapa fue nada más que el aperitivo, lo mejor estaba por suceder. El destino se encargó de concedernos ese momento, dos días más tarde de esta escaramuza teníamos un combate más frontal, debía buscar una antigua documentación guardada en el archivo, trabajo de no menos de una hora, con antelación suficiente acordamos en reunirnos en el lugar de siempre. Nuevamente sentada frente a él rindiendo pleitesía al falo que ya conocía en sus manifestación de alegría, ahora para mayor comodidad de él, se sacó los pantalones del todo así podía moverse en libertad, sacó a relucir el miembro, hasta parecía más grande y amenazante, lo tomé entre mis manos y comencé a realizarle una amorosa masturbación, aplicaba la técnica referida, pero él estaba por demás activo, se impulsa con más bríos y entusiasmo que la vez anterior, respondo a su urgencia con más trabajo, más rápido en el subibaja.

Se lanza hacia delante y su pija me sorprende de tenerla a centímetros de mi cara, casi en la comisura de mi boca, nos miramos un instante y sin decir ¡agua va! Se la chupé. Se metió en mi boca se hizo dueño de ella, entraba y salía de ella a su antojo, me tomó de la nuca y dirigía el acto al ritmo que le imponía su deseo, tan rápido era el accionar que apenas podía pasar la lengua por el glande.

El momento límite estaba a punto de llegar, no pudo controlarse, ni preguntó si podía hacerlo. Creo que se mordió el labio para no gritar. Me llenó la boca de espeso y caliente semen, varios chorros hasta que las fuerzas lo abandonaron y dejó de fluir su leche. Era distinta a las que había probado antes, esta algo más salada pero al terminar de tragarla me dejó un resabio de semen levemente amargo.

Me traicionó la calentura, al tragarme su lechita la calentura hizo presa fácil de mí, quedé temblando, abrazada a mí misma, los brazos cruzados al pecho contenían los latidos ejerciendo presión sobre mis tetas. No tardó en recobrar las fuerzas, y volvió por mí que seguía acurrucada en el sillón, me ayudó a levantar y me sentó sobre el escritorio, abrió la camisa, liberó mis chichis, sopesó y estudió su volumen una en cada mano, las estrujó y pellizcó en los pezones.

Se lanzó sobre ellas y me las mamó, una por vez para saltar a la otra, sacó las manos para alojarlas entre mis piernas, ahora era yo quien sostenía las tetas, se las pongo en la boca, me está matando de placer, la mano se introdujo entre mis bragas, corrió el trozo de tela para facilitar el acceso, separo la piernas, colaboro en la “manualidad”, los dedos buscan, exploran el interior, los labios y el clítoris. Me aprieto contra él y vengo en su mano y en su boca. Acabé, lo necesitaba, fue un orgasmo madrazo.
Me dejó estarme abrazada a él, me contuvo, fraternal respeto por mi momento de relax post orgásmico.

Lejos estaba de suponer que Rodrigo tenía otra carta bajo la manga, tan pronto me repuse me ayudó a bajar y me tomó de la cintura, seguía desnudo de la cintura para abajo, el miembro había recobrado casi su estado anterior, como cortesía le regalé una cariñosa apretadita. Aún no sé si fue esta señal o lo tenía pensado, retuvo mi mano sobre su pija, la movió haciéndose con ella una breve pajita.
Luego como impulsado por una extraña fuerza me dio vuelta y me colocó de bruces sobre el borde del escritorio, todo en una sola acción, me levantó la falda y corrió a un lado la tela del tanga para dejar expedito el camino al objetivo: mi conchita. Mi conchita seguía plena de humedad. Le rogué que no, le pedí, le ordené, parecía todo en vano estaba tan caliente que no me escuchaba, solo escuchaba su propia calentura que lo tenía subordinado.
Falta respuesta, la penetración es inminente, le ruego cambiar el destino de su corrida. – Por delante no, por favor, es de mi marido, por favor. Dame por atrás, por la colita, sí? Por favor Rodrigo haceme la colita.

Se avino, se decidió a entrar por mi colita. No tengo demasiados problemas, tengo buena y reconocida experiencia en el uso y alguna vez abuso de ese agujero, en verdad los disfruto. –Mojame bien con mis jugos para que no me duela, la tenés bien grande para mi colita (siempre es bueno halagarlos diciendo que la tienen grande).

Me humedeció el anillo con mis propios jugos, se animó a meterme un par de veces la cabezota en mi cuevita y luego se fue con todas sus ganas a presionar sobre mi anillo anal, sentí la presión de su cabeza pugnando por vencer la resistencia autónoma del portero de mi culito. Tan solo necesitó dos empujones para dejarlo entrar en mí, luego favorecido por la posición y la presión ejercida se mandó dentro de mí, todo dentro, lo sentí cuando sus testículos golpearon con mis glúteos. Se detuvo para estudiar el terreno, despacio se retiró, volvió nuevamente hasta el tope de su ingle contra mis nalgas. Luego todo fue meter y sacar, entrar y salir, lanzado sobre mi espalda era una máquina que quiere taladrarme, un martinete que golpea sin parar, cada vez más rápido, más profundo que la precedente.

Tanta excitación no puede sino desembocar en un final acorde a la tensión generada. Pude sentir cada momento previo a la corrida, entraba a fondo y se detenía, y otra vez, luego un metisaca veloz y profundo, asido a mis ingles me comprime contra él, quiere desfondarme, incrustarse en mí hasta hacerse carne de mi carne, ser uno, fundirse en mí.

– ah!, ah! - Fue lo único que pudo balbucear como inteligible, lo demás eran bufidos y sonidos guturales, y fluir el semen dentro de mi maltrecho culito, la acabada sirvió algo para calmar el ardor producido por la falta de lubricación que se había consumido con los primeras fricciones al comienzo de la cogida anal.

Cuando Rodrigo se separó le costaba mantener la vertical, la piernas le temblaban por el esfuerzo y la emoción, parecía no estar muy habituado a hacerlo por un culito, si no fuera por el molesto ardor que dejó en mi trasero me hubiera reído de buena gana.

Había transcurridos más de una hora, fue una tarde a pleno sexo, ahora debíamos volver a trabajar, simular que todo seguía igual. Nos despedimos con un besito.

Al llegar a mi oficina debí pasar por el baño para poder limpiarme del semen sobrante, el que no pudo retener la mucosa anal y amenazaba con salirse fuera de las bragas. A pesar de lo extenso del relato han quedado sentimientos y sensaciones por relatar, pero cada paso me resulta más difícil pues reviviendo cada detalle se me vuelve a humedecer mi cosita y no puedo concentrarme, sepan comprenderme.

Para terminar voy a hacerlo con una frase que le gusta mucho a un cyber novio que tengo en Argentina y que es mi “amorcito” él dice que: La mujer necesita una excusa para justificar su infidelidad, el hombre solo necesita una mujer” pero voy a corregirlo afirmando que lo sucedido en este relato no debe ser considerado como infidelidad, pues no hay promesa de amor y no hubo penetración por el acceso que usa mi marido, la conchita está reservada solo para el esposo. ¡Ja, ja, ja!



¡Dale el enlace a un amigo!:


 
< Anterior   Posterior >