 | Tenía que recibir y atender a una delegación de estudiantes Chilenos, entre los que estaba una sensual chilena que lo pone a mil. Hola amigos, aquí les envió otro relato que a mí en lo personal me ha excitado mucho escribirlo por saber las repercusiones que tendrá, espero que les guste. Se inicia en México, donde soy profesor de secundaria, la escuela se llama "República de Chile", soy profesor de matemáticas [...]
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¡[...] y tengo más de 450 alumnos pues la escuela tiene mucha demanda de inscripción. Como siempre las matemáticas son pesadas y difíciles para los alumnos, por lo que es una de las materias con más alto índice de reprobación, en los periodos de exámenes extraordinarios a veces tengo que hacer hasta 150 exámenes de los cuales pasan muy pocos.
A mediados del ciclo escolar, el director de la escuela me mandó llamar para decirme que la escuela cumplía años y que para celebrarlo la embajada de Chile en México había donado 5 becas a estudiantes mexicanos para irse a estudiar 2 meses a Santiago de Chile y 5 estudiantes chilenos vendrían a la escuela para hacer lo mismo, me encomendó la misión de recibirlos y encargarme de su estancia en el país. Al principio me molestó esta tarea pues tendría que dar más de mi tiempo para atenderlos, pero ni modo, ya estaba en eso y tendría que cumplir.
El momento había llegado, ya me encontraba en el aeropuerto esperando su arribo, estaba un poco nervioso y malhumorado porque el avión venía retrasado, mientras esperaba me fui a un restaurante a beberme una cerveza, casi al terminármela escuché por el altoparlante del aeropuerto la llegada del avión, caminé hasta la sala de espera con un ridículo cartón que decía "bienvenidos estudiantes chilenos", trataba de pararme de puntitas para alcanzar a verlos pues siempre es mucha la gente que va a recibir a sus familiares en la salida internacional. Después de 10 minutos de ver salir y salir a personas, vi a lo lejos a 5 adolescentes entre los cuales sobresalía una chica como de 18 años, con una figura envidiable, no la perdía de vista esperando que ella fuera una de los estudiantes, y cual va siendo mi sorpresa cuando voltea a ver el letrero y levanta su mano derecha para indicarme que iban a encontrarse conmigo.
Los demás también voltearon, yo no podía creerlo, esa chica estaba buenísima, y la tendría para mí dos largos meses, - Hola, ¿es usted el maestro Monroy? - me dijo con una sonrisa como de comercial de pasta de dientes, yo, sin poder creerlo a penas y conteste, - sí, soy yo, bienvenidos a México, - los demás me saludaron, pero yo ni les hice caso, no podía dejar de ver a esa chica tan hermosa y sensual, llevaba una blusa gris satinada con pequeños cuadros, abierta hasta el inicio de sus grandes senos, redondos y firmes, su piel, apiñonada, de cabellera larga hasta el hombro negra y brillante, grandes ojos verdes, y una boca que invitaba a tener mi pene adentro, al caminar, se marcaba mucho sus nalgas, pues llevaba un pantalón negro ajustado, a través del cual se le notaban unos pantys tipo tanga pues si llevara de las otras se le marcaría la costura por lo pegado del pantalón, el cual remataba en una cadera muy amplia a diferencia de lo estrecho de su cintura.
Llegamos al estacionamiento del aeropuerto, colocamos las maletas en la cajuela y como ella era la más despierta y desinhibida se sentó adelante conmigo. Ya en el trayecto hacia la casa donde se quedarían se fueron presentando, hasta ahora no me puedo acordar de los nombres de los demás, pero el de ella es inolvidable, - Hola, me llamo Jimena, - me dijo con una cara entre sexy y tierna, que me hizo desconcentrarme de manejar. Se veía tan bien sentada en el asiento del auto, su cintura y la cadera se le marcaban mucho más y le estilizaba la figura, una tremenda erección se apoderaba de mí, pero no quería que se me notara, pues traía un pantalón delgado y bóxers, lo que le daba mucho espacio a mi pene para crecer. Poco a poco fui dejando uno a uno en las casas de los estudiantes que les darían posada a los chilenos, y a propósito a ella la dejé al último, quería saber más acerca de ella, no dejábamos de platicar, desde cómo era Chile, hasta los temas más triviales, se notaba que ella estaba divertida mientras que yo no dejaba de admirarla.
En eso estábamos cuando escuché un estallido muy fuerte, el auto empezó a bambolearse de un lado al otro y traté de controlarlo hasta que se detuvo. - ¿Estás bien? - le pregunté muy preocupado, ella con una cara de susto solo movió la cabeza positivamente. Bajé del auto y me di cuenta que se había ponchado una llanta, - lo que me faltaba, pensé - abrí la cajuela y saqué todo lo necesario para cambiar la llanta, ella también descendió del auto, y se acercó hacia donde yo me encontraba, mientras estaba sentado en el piso, se agachó a preguntarme algo, y… pude ver entre su blusa esos pechos grandes y maravillosos dentro de un bra negro de encaje, ella lo notó y dijo: - ¿ Qué, las mexicanas no están así? - mientras con los codos apretaba sus pechos para que se marcaran más y se vieran más grandes, yo, tremendamente apenado de que se diera cuenta que la observaba solo le contesté, - no - y traté de concentrarme en la llanta, mientras la cambiaba, Jimena trataba de posar para mí, recargándose en el auto, con el estómago pegado al él y levantando las nalgas y los talones para que se estilizara su figura, se veía increíble, tanto, que muchos automovilistas le gritaban piropos muy al estilo mexicano.
Rápidamente subí la refacción al auto y emprendimos la marcha, ella había cambiado radicalmente su actitud, pues se dio cuenta de lo mucho que me gustaba, se cruzaba de brazos apoyándolos sobre los senos para que se marcaran, y me volteaba a ver como diciendo: - mírame, son tuyos, - yo disimuladamente la volteaba a ver, pero trataba de concentrarme en la carretera, al fin llegamos a la casa donde se quedaría, y cual va siendo mi sorpresa que ¡no había nadie!, estuve tocando por casi 10 minutos hasta que una vecina me dijo que habían tenido que salir de emergencia, y que no sabía a qué hora llegarían, parecía como te todo se iba acomodando para mis intereses, le pregunté, ¿quieres que te lleve a un hotel para que descanses y mañana te traigo temprano? Ella, con la mirada más pícara y sensual posible, me dijo, - porque no me quedo en su casa y mañana venimos - no me hice de rogar ni un instante y nos dirigimos a mi casa, el corazón a medida que nos acercábamos a la casa se aceleraba cada vez más, como presintiendo que algo iba a pasar. Al llegar a casa bajé su maleta, que parecía que se quedaría para siempre, - parece que trae piedras, pensé - ella, caminando tímidamente entró a la casa, yo no podía dejar de ver su culo, tan redondo y duro, le indiqué su recámara y le dije que saldría a la tienda a comprar algunas cosas para cenar, me preguntó si podría tomar un baño pues se quería refrescar por el viaje tan largo en avión, contesté que la casa era suya, que dispusiera de ella como quisiera, ella sonrió entendiendo la doble intención de mis palabras.
Caminé lo más rápido posible, pensando en la gran suerte que tenía al estar con esa chica tan linda y ardiente, y tratando de maquinar un plan para tirármela. Al llegar a la casa escuché la regadera y a ella cantando una canción de la ley, sin nada de vergüenza, caminé hacia la cocina para preparar la cena, estaba muy concentrado cocinando cuando apareció con una pijama diminuta, la parte de abajo era un short, de color rosa, de forma francesa, así que le hacía ver la cadera y la cintura de forma maravillosa, pero lo que me dejó boquiabierto fue la parte de arriba, de encaje blanco, con un gran escote de forma circular, sus pechos se le veían espectaculares, a través del encaje se le marcaban sus pezones, con una gran aureola y un pezón oscuro, me sorprendía la naturalidad con que se mostraba, pensé - ¿así serán todas las chilenas? - nos sentamos a cenar, pero hasta las manos me sudaban y la comida me sabía a todo, me dijo - oye ¿y así eres para todo? - sonriendo pícaramente, - cocinas riquísimo - que bueno que te gustó, espero que te acostumbres a la comida mexicana, - me encanta todo lo mexicano - dijo al momento que se chupaba el dedo índice, y me volteaba a ver.
Yo trataba de no verla pues no resistiría las ganas de irme sobre de ella y hacerle el amor ahí mismo, al término de la cena le dije que me quedaría en la computadora revisando mis correos, y preparando la clase del día lunes, ella me dijo que se iría a dormir, y lentamente caminó hacia la habitación, nadie sabe el esfuerzo que tuve que hacer para no tirármela ahí mismo, tratando de no pensar en ella, encendí la computadora y me conecté a Internet, poco a poco me concentré en responder los correos, estaba ensimismado en la computadora cuando me di cuenta que alguien me veía, al voltear hacia la habitación, descubrí que Jimena me observaba, le pregunté: - ¿pasa algo? - apenándome un poco por la forma en que me veía, - no puedo dormir - me respondió al momento en que se sentaba en el sillón de la sala de una manera muy sensual, esto se estaba poniendo cada vez más caliente. |